martes, 3 de mayo de 2016

Me Llamas Enfermedad y Solo Soy Juventud

¡Vale ya! ! Estoy harto que me maltrates por mis errores! Te pasas continuamente, me callas, no me permites que me vaya haciendo, ni me dejas un pequeño lugar para estar en mi intimidad. Eso, intimidad, si me la respetaras no querria vivir tan lejos, ni tan incomunicado de ti.

Me vienes con lo que hice aquel día que bebí, dando piruetas con el coche. Suerte, no maté a nadie. Qué si cogí el coche sin carnet, que si me enrollaba con chicas por puro impulso sexual; qué no estudiaba lo suficiente, qué no tomaba decisiones por mi mismo...Y nada bonito te sale de ti para mi. Y me lo has impregnado.

Pero yo no decidí beber la primera vez, y seguí por no despertar, y luego llegaron cosas más fuerte que gente como tú, me puso cerca y me la acercaba cuando intentaba alejarme. Y caí y me daba asco, pero tú, en vez de ayudarme a levantarme, me juzgabas y te ibas corriendo a atender, es verdad, que los incendio, que yo mismo había provocado. Pero no me dejabas ayudarte, me apartabas y me hacias dormir horas y horas, porque al verme despierto me acribillabas con tu mirada.

Y ¿quién me educó?
Si no fuiste tú (tarde, como siempre), la televisión, los modelos esterilizados y estirados, la furia de un heroe mamarracho, el ideal de mi hermano que me precedía y acaparaba todo, la religión ortoxamente castrante y cristiana, en pro del prójimo, y en pro también de cortarte los huevos, para que después explotaran sin control; un padre practicamente ausente que para estar cerca de él, me tuve que ir a trabajar a su lado, no fui el único, pero fui el último.

Me educó un olor a trabajo, a sudor, a saber hacer con las manos (todavía debes estar agradecido), y además la calle, la falta de ética, la rapidez, la rapiñez, la realidad que no tiene freno y va rápida sin control. Intentar ser listo y no conseguirlo. Aunque mi consuelo es que tú tampoco.Vaya consuelo y vaya torpeza, la tuya y la mía.

Te quedaste con los libros, y con esos has querido educarme, aunque ultimamente estés a punto de  mendigar el pan y el techo.

En el fondo, eres víctima de mi, de mi silencio, de mi asfixia, de lo que nuestra relación, y este medio asfixiante donde nos criaron, ha provocado, pero también por tu teórica rigidez moral. O purto miedo a que yo saliera de nuevo y me lo cargara todo.

Yo, el niñato, arriesgado, bastante inconsciente y pasado de rosca con el alcohol y otras cosas más fuertes,  ha tirado de ti hacía abajo, igual que tu de mi, cuando ya estaba salvado, no me escuchaste, solo a tus putos libros, a tu teórica ética que no quería saber nada de lo que ya yo sabía, la avidez mundana, la nada, el principio de no tener principios para ganar.

Perdona!. Esto último, no soy yo, es la ira. Si no hubiese sido por ti, no habría aprendido a controlarme y a valorar muchas diversiones sin necesidad de nada más que la buena compañia.
Si no hubiese sido por ti, tampoco seriamos tan pobres o tan ricos hoy, y tal vez, si tu no hubieras aparecido, mi cadaver ya estaría sepultado después de extrellarme en cualquier esquina, en cualquier lugar.

Escuchame maduro y sensato, soy tu joven; te rulé por algunos sitios, a veces te hice disfrutar, pero cuando creiste tener el control, cosa que no te reprocho del todo, me acallaste demasiado.
Oye tú, tenemos que hablar y tienes que perdonarme. Soy tu yo joven.






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