jueves, 5 de mayo de 2016

Carta desde la Ira

Partido Parte y me llevo la Mejor Parte.
La sociedad ya no está partida, está cuarteada. Entre financiación irregular, listillos y brutos sin escrupulos que pretenden ganar a costa de lo que sea, y lo consiguen; la ira propiciada por las verdades a medias que nos cuentan y la pugna partidaria de esa dictadura de gestapos partidistas, que saben fraccionar muy bien, a la par que coordinar la rentabilidad electoral para que nada se mueva, nada de verdad se escuche y el sentido común brille por su ausencia.
La falta de empatia hacia la necesidad de los "otros-as", no es ya una muestra de insensibilidad, es en muchos casos, una receta para el éxito.

Futuro prometedor este que nos espera.
Y mientrás tanto todos enfrentados contra todos, con el único criterio: él que castiga o denuncia está un pelín mejor que el que es denunciado. Los pobres contra los miserables y los miserables contra los pobres. El autonomo contra el trabajador, el que le queda subsidio o desempleo contra el que no le queda nada. El que está moribundo, contra el que ya entró en delirio.
Han conseguido esta crispación social que permite el despiste para que una minoría, cada vez más minoria ( pero cada vez más poderosa), robe, quede impune y siga fomentando este fin de la historia, que nos imponen: sin alternativa, sin esperanza, sin futuro...sometidos hasta los nietos y biznietos para pagar una deuda de lo que nunca nos gastamos.
Él que tiene, es porque trabaja, y el que no tiene es un vago: simple, verdad?!. Pero ha colado. Es el espiritu de la competitividad llevada a los extremos máximos. Lo que no genera más calidad, ni más felicidad, ni más seguridad...¿qué genera?. Riqueza en manos de cada vez menos personas, a la par, la devaluación cada vez mayor de la vida. Al extremo que todo lo que tiene valor, es por su capacidad de producir ( da igual que haya compradores o no: conforme caen los sueldos, caen el número de compradores).
Este es el espiritu de las dos reformas laborales en España.
Se confunde lo que es una receta para la educación y la actitud, con lo que debe ser el ánalisis de una situación. El esfuerzo, hay que defenderlo siempre, pero sobre todo, de aquel que tiene donde apoyar su fuerza, al que no tiene, hay que darle primero un punto de apoyo y método ( esto último, es compartir, y eso está bastante mal visto, frente a una caridad impuesta por un nuevo nacional catolisismo en pleno auge).
Mientrás que todavía nos sintamos culpables de la gran comilona del boom inmobiliario-recordad quién ganó la gran partida-, mientrás sigamos manejando esta simplicidad de análisis tan popularizada: La gente no se esfuerza lo suficiente!!. Y si gano y me va bien es porque estoy deslomao y ese no hace ni el "guevo".
Violencia, más violencia y pésimo futuro para todos-as.
Desgraciadamente, en mi entorno inmediato, no veo otra cosa.
Antonio Guterrez. 2012
Desde un lugar de cuyo nombre no quiero acordarme

martes, 3 de mayo de 2016

Me Llamas Enfermedad y Solo Soy Juventud

¡Vale ya! ! Estoy harto que me maltrates por mis errores! Te pasas continuamente, me callas, no me permites que me vaya haciendo, ni me dejas un pequeño lugar para estar en mi intimidad. Eso, intimidad, si me la respetaras no querria vivir tan lejos, ni tan incomunicado de ti.

Me vienes con lo que hice aquel día que bebí, dando piruetas con el coche. Suerte, no maté a nadie. Qué si cogí el coche sin carnet, que si me enrollaba con chicas por puro impulso sexual; qué no estudiaba lo suficiente, qué no tomaba decisiones por mi mismo...Y nada bonito te sale de ti para mi. Y me lo has impregnado.

Pero yo no decidí beber la primera vez, y seguí por no despertar, y luego llegaron cosas más fuerte que gente como tú, me puso cerca y me la acercaba cuando intentaba alejarme. Y caí y me daba asco, pero tú, en vez de ayudarme a levantarme, me juzgabas y te ibas corriendo a atender, es verdad, que los incendio, que yo mismo había provocado. Pero no me dejabas ayudarte, me apartabas y me hacias dormir horas y horas, porque al verme despierto me acribillabas con tu mirada.

Y ¿quién me educó?
Si no fuiste tú (tarde, como siempre), la televisión, los modelos esterilizados y estirados, la furia de un heroe mamarracho, el ideal de mi hermano que me precedía y acaparaba todo, la religión ortoxamente castrante y cristiana, en pro del prójimo, y en pro también de cortarte los huevos, para que después explotaran sin control; un padre practicamente ausente que para estar cerca de él, me tuve que ir a trabajar a su lado, no fui el único, pero fui el último.

Me educó un olor a trabajo, a sudor, a saber hacer con las manos (todavía debes estar agradecido), y además la calle, la falta de ética, la rapidez, la rapiñez, la realidad que no tiene freno y va rápida sin control. Intentar ser listo y no conseguirlo. Aunque mi consuelo es que tú tampoco.Vaya consuelo y vaya torpeza, la tuya y la mía.

Te quedaste con los libros, y con esos has querido educarme, aunque ultimamente estés a punto de  mendigar el pan y el techo.

En el fondo, eres víctima de mi, de mi silencio, de mi asfixia, de lo que nuestra relación, y este medio asfixiante donde nos criaron, ha provocado, pero también por tu teórica rigidez moral. O purto miedo a que yo saliera de nuevo y me lo cargara todo.

Yo, el niñato, arriesgado, bastante inconsciente y pasado de rosca con el alcohol y otras cosas más fuertes,  ha tirado de ti hacía abajo, igual que tu de mi, cuando ya estaba salvado, no me escuchaste, solo a tus putos libros, a tu teórica ética que no quería saber nada de lo que ya yo sabía, la avidez mundana, la nada, el principio de no tener principios para ganar.

Perdona!. Esto último, no soy yo, es la ira. Si no hubiese sido por ti, no habría aprendido a controlarme y a valorar muchas diversiones sin necesidad de nada más que la buena compañia.
Si no hubiese sido por ti, tampoco seriamos tan pobres o tan ricos hoy, y tal vez, si tu no hubieras aparecido, mi cadaver ya estaría sepultado después de extrellarme en cualquier esquina, en cualquier lugar.

Escuchame maduro y sensato, soy tu joven; te rulé por algunos sitios, a veces te hice disfrutar, pero cuando creiste tener el control, cosa que no te reprocho del todo, me acallaste demasiado.
Oye tú, tenemos que hablar y tienes que perdonarme. Soy tu yo joven.