domingo, 10 de abril de 2016

PACO Y MÁS MIEDO

La mujer de Paco le ha invitado a salir hoy a tomar algo, al menos una cerveza para tomar el sol y el aire; gracias a su madre que le ha dado diez euros.

Paco está frente al ordenador de su hijo, tratando de hacer algo con el teclado y el ratón.
El orientador le ha dicho que practique para poder buscar trabajo en la red. Y mientras escucha a su mujer, está frente a la pantalla, sin saber qué hacer, pero ensimismado con un único pensamiento.

No debí de contarle al orientador mi última experiencia laboral, porque él también trabaja para el gobierno, y seguro que como no es una experiencia postiva, tendrá consecuencias negativas para que me llamen. Además, esa historia es real, pero dficil de creer.

Resulta que Paco después de poco dudarlo se fue a trabajar de albañil a Cádiz. Le pagaban poco, pero el pretendía así, crear ese circulo virtuoso: trabajar bien, caché y más trabajo. Pero pese a qué el dió lo mejor de sí, no le pagaron, ni lo poco estipulado, ni nada.
Lo más grande, es que la obra era para el ayuntamiento de Cádiz y además, el mismo rey  iría a inaugurar la plaza en la que trabajaba para conmemorar el 200 aniversario de la constitución republicana de 1812 ( La Pepa). Inverorosimil.

Su mujer espera, y él sale de su ensimismamiento para responder: "tengo que terminar lo que me ha mandado hacer el orientador laboral".

Pobre Paco, cree demasiado o tiene mucho miedo. No sé. Seguro que gracias a Lola ( su mujer) o a cualquier desconocido, un día sale adelante. Pero el orientador suena en su consciencia como una persona que sabe mucho, que habla mucho, pero su temor sobre lo que le ha contado, justificado o no, es muy grande. Y él piensa: que esto no sea lo adecuado, no sea lo suficientemente positivo para demostrar esa actitud necesaria para el mercado laboral.

El orientador habla mucho, más cuando se acercan las elecciones para informarle de no sé sabe qué programa, al cual si se apunta, casi seguro le llaman, o al menos tendrá una oportunidad más (qué indefinición y que poco me ofrecen, pero es lo que hay: piensa Paco).

El orientador ha ido ya a la capital varias veces para modificaciones de ese programa, que cuesta mucho y se vende como la panacea. Aunque en el silencio, en esa perspectiva oculta, todo el mundo sabe que no sirve para nada y que es otra pantomima de un alegre lacallo o lacalla que desde una oficina y con una idea feliz, se la volvió a rebajar al de turno, y el de turno le hizo creer que era una idea original, cuando ya era una realidad programada desde su grupo.

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